El bar Aldapa de Pamplona, cerrado hace más de dos años, reabre el mes que viene

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Mariví Salvo 22.06.2021

El establecimiento ha sido reformado por completo y trae de la mano nueva oferta gastronómica: la croqueta

Fue durante años un histórico garito del Casco Viejo y en las últimas décadas ha pasado por varias manos. Todavía en plena pandemia y, con las barras de los bares a medio gas por las restricciones sanitarias, en el Bar Aldapa, en la calle del mismo nombre, las máquinas están trabajando a todo gas para que el próximo mes de julio se ponga en marcha un nuevo negocio de hostelería.

El empresario Jorge Goichoechea, propietario de La Mandarra de la Ramos y otros locales más en el centro de Pamplona, está detrás del nuevo Aldapa, cuyas obras, según reconoce, se han prolongado más de lo esperado. «Hemos estado meses cerrados, porque, como era de esperar, aparecieron restos arqueológicos de interés».

La ubicación del Aldapa en lo que Goichoechea llama «el centro de Pompaelo» (la Pamplona romana) ha sacado a la luz vestigios «de una especie de conducción o acequia y los cimientos de una vivienda romanas», dice, unos hallazgos que han requerido el seguimiento de un gabinete de arqueología.

Con este pasado tan interesante, Goicoechea opina que el futuro del local también va a estar a la altura. «Ha quedado muy bonito, un sitio espectacular», asegura y añade que «hemos quitado los baños de en medio y le hemos dado un nuevo aire». Mucha madera y hierro, tipo «industrial», en un espacio de 70 metros cuadrados que ha estado sin funcionar desde hace más de 2 años.

El Aldapa, en el que Goicochea va de la mano con Alberto Solana, su socio en el Mesón de la Tortilla, va a mantener su nombre, pero va a incluir nueva oferta gastronómica: «Vamos a darle fuerte a la croqueta», explica el propietario, quien a su vez es socio de una fábrica de croquetas que está pegando fuerte en Zaragoza: «Allí hay tres tiendas Croquet Arte, y aquí vamos a sacarlas en formato para cucurucho, de bocado», avanza. Asegura que son bocados «gourmet de mucha calidad, hechos sin conservantes» y que trabajan en «unas 14 variedades, pero no sé si al Aldapa traeremos todas».

Jorge Goicoechea señala que, como empresario hostelero, intenta diversificar la oferta de la ciudad: «Ahora mismo se ha demonizado un poco el Casco Viejo», opina. «Porque con la pandemia, la gente se ha acostumbrado a los barrios y a las terrazas, y yo creo que va a ser el turismo el que arrastre de nuevo a la gente al interior de los bares».

En la barra del Aldapa, Goicoechea quiere contar con Mikel, el anterior camarero del Ezkia, y echará mano de parte de la plantilla que tiene en ERTE. «Ahora mismo tendremos un 40% en Erte y vamos a recuperarlos».

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