Silencio y Día Mundial contra el Ruido

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MARGA ROBLES HERNÁNDEZ 30.04.2020
PORTAVOZ DEL COLECTIVO DE AFECTADOS POR BAJERAS DE OCIO DE LA MILAGROSA

Está claro que en este último miércoles de abril, la celebración del Día Mundial contra el Ruido del 2020 ha sido diferente. A lo largo del año hemos recopilado incidentes sobre ruidos: bajeras de ocio y fiestas en bajeras de ocio, fiestas en pisos, incidentes en el tumultuoso Casco Viejo. Es algo que no acaba de irse. Durante muchos años se ha sido permisivo con este tipo de infracciones hasta convertirse en costumbres, enraizadas y malas, que cuesta erradicar. Sin embargo, en el ámbito de bajeras el cambio ha sido notable. Las quejas son menos y a menudo vienen asociadas a actividades de trapicheo más que al funcionamiento de las propias bajeras. También las quejas forasteras: del País Vasco, Castellón, etcétera, han remitido un tanto. Creemos que la sensibilidad contra el ruido va calando en el cuerpo social. Creer es gratis. De cualquier modo, nunca está de más recordar que Pamplona tiene una ordenanza sobre locales de ocio, con horario de cierre, condiciones acústicas y distancia entre locales pionera en este tipo de cuestiones. Y lo más importante, que se ha revelado efectiva. Un vistazo a nuestro blog de afectadosalquilerbajerasociomilagrosa no estará de más. Pero en el Día contra el Ruido de 2020 tenemos como invitado al coronavirus, y la cuestión es otra. Las bajeras mudas, las calles vacías y ese silencio que no recuerdan ni los más viejos del lugar. Generaciones enteras que no han conocido el silencio total. Ese silencio nocturno en las calles del Casco Viejo. Se oirían hasta las llamadas y las palmadas del sereno en la vieja Pamplona. Amén de lo que diga la OMS sobre la necesidad de descanso y de silencio acústico y el punto filosófico como generador de reflexión y autoconocimento, nosotros nos preguntamos cómo hemos dejado que las cosas llegaran a este nivel. Industrialización, urbanismo a ultranza frente al mundo rural. En qué momento la forma de vida rompió la medida y los ritmos biológicos del ser humano. Mañana, tarde, noche para el descanso. Acostumbrarse a lo natural es fácil. Y los que consideramos el ruido como una pandemia nos preguntamos y tememos qué va a pasar cuando cese esta otra pandemia del coronavirus. Volver a las quejas, a las broncas de vecinos cercanos a bajeras y a fiestas de estudiantes, a la suciedad, a la difamación personalizada en las redes sociales, volver a que la bullanga de las calles del Casco Viejo destrocen los nervios de sus vecinos se antoja insufrible. Ya hemos visto con el coronavirus que la gente es responsable y disciplinada ante una causa seria y sensata. Un buen momento para dar a las ordenanzas y leyes sobre el ruido un enfoque más natural y humano. Un buen momento para la reflexión mientras dura el silencio.

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