SALVEMOS LAS PLAZAS DE SAN JOSE Y COMPAÑÍA

Paco Roda 19 de enero de 2021

¿A cuánto se paga el kilo de chantaje emocional en esta pandemia de mierda? La Hostelería, arrasada por la pandemia, sí, lleva tiempo trasladando a la ciudadanía de esta ciudad una idea fuerte. Y es que, más allá de las ayudas estatales, forales o locales, es responsabilidad de la ciudadanía salvarla. Como si este sector privado, no lo olvidemos, fuera de todos y todas. Como una escuela, un parque de bomberos o un centro de salud. O como parte indisoluble de nuestro ser. Y sí, nos va la marcha pero no como para pagarla a este precio, el de perder públicamente dos nuevas plazas en nombre la caña. La hostelería está elaborando un discurso perverso desde hace tiempo, aparte de autovictimizarse, y precisamente por ello, responsabiliza a la ciudadanía en su rescate para que con su actitud colaboradora asuma el precio de su sangría. Puro neoliberalismo emocional hormonado de empatía. Para que esa ciudadanía entienda y comparta sin filtro alguno sus propuestas, para salvar sus muebles. Unos muebles dolorosos, sí. Pero no como para comprender semejantes locuras. Y quien no comparta esto será tachado como un bastardo insensible o un ciudadano irredento.
Sí. Lo he dicho miles de veces. Ayudas, ayudas y ayudas públicas para compensar esta bancarrota. ERTEs, Rentas Garantizadas, créditos blandos a coste 0, supresión de alquileres, moratorias, lo que sea. Pero el desastre económico no puede blindar toda idea. Porque bajo el paraguas de esta catástrofe laboral provocada por este virus inclemente, no cabe todo, ni todo lo que se nos ocurra. Se pueden defender muchas cosas e ideas. ¿Pero cuántas, hasta dónde y a qué precio? ¿Dónde se pondrá el limite de la cordura, del sentido común, de la solidaridad vecinal, de la noción del espacio público, del uso del suelo, del libre tránsito? ¿Qué precio debe pagar esa ciudadanía del Casco Viejo que asiste horrorizada a esa propuesta de instalar txosnas en dos plazas emblemáticas de este casco viejo asaltado ya sin piedad alguna.
Pero más que la hostelería (ANAPEH) solicitante de esta aberrante propuesta, es el propio ayuntamiento, con su alcalde a la cabeza, el máximo responsable de esta nueva usurpación de unos espacios públicos muy singulares.
La Plaza de San José, uno de los últimos respiraderos de la ciudad y único atrio a cielo abierto, donde moran las ultimas legiones romanas, acabará, si no lo impedimos, convertido en un txiringuito mercenario. A ello hay que sumar la Plaza de Compañía, esa plaza donde se ubica el Centro de Salud, donde cientos de personas mayores transitan a diario en busca de salud y consuelo en estos tiempos negros. Y una plaza donde sobrevive uno de los pocos parques infantiles de la ciudad. ¿Cómo nos podemos atrever con esto?
Y resulta obsceno que hoy mismo se haya propuesto una calle en reconocimiento a los sanitarios en Pamplona en la zona de la Media Luna y se quiera robar una plaza a esos mismos sanitarios en nombre de la caña y la barra libre.
Insisto hay que responsabilizar al ayuntamiento -y a su alcalde- quien con esta aceptación justifica y sanciona un modelo de gestión de la crisis en contra de la ciudadanía del Casco Viejo y de sus derechos. Es el propio ayuntamiento quien cediendo a estas presiones justifica un modelo de barrio ya asaltado definitivamente por intereses privados.
Finalmente, se me ocurren dos soluciones a la altura moral de esta propuesta: ¿ Por que no se ponen las terrazas en la Plaza del Arzobispado o en la Plaza de la Catedral, asaltando las vallas de la misma?

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