Ruido, suciedad y miedo en el Casco Viejo de Pamplona

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PEDRO GÓMEZ 16/09/2021
El vecindario del Casco Viejo alerta de que los problemas “de siempre” se han agravado hasta ser ya “insufribles”. Este jueves han convocado una concentración

Ya sabías lo que tiene vivir en lo Viejo. Ahora no te quejes”. Es una frase que Ricardo F., vecino de la calle San Nicolás desde 2006, ha escuchado en más de una ocasión. Es un prejuicio que buena parte del vecindario se resiste a aceptar porque considera que la situación ha ido de mal en peor a lo largo de estos últimos 20 años y porque “es posible un Casco Antiguo distinto”. Este jueves 16 de septiembre, el colectivo Convivir en lo Viejo ha convocado una concentración a las 20.00 horas en la plaza del Ayuntamiento. “Por un Casco Viejo para vivir, sin ruidos, sin ocupación de sus calles y plazas, sin amenazas” es el lema.

Este colectivo nació casi de forma espontánea hace 16 años, cuando el Casco Viejo dejó de estar considerada zona saturada de bares. “Hacíamos reuniones que eran una especie de catarsis en las que cada uno se desahogaba y contaba sus problemas y sus peleas, con algún bar o con el ayuntamiento”, recuerda Julio Pérez, uno de los pioneros, que sigue teniendo un papel activo.

Otros han tirado la toalla y se han marchado del barrio. Ruido, suciedad y en estas ultimas semanas, miedo. Son las tres palabras que se repiten constantemente al hablar con los residentes.

RUIDO: 85 DECIBELIOS
Cuando Ricardo F. se compró una vivienda en un cuarto piso de San Nicolás, ya tenía asumido que San Fermín y Nochevieja tendría que apechugar con los excesos. “Pero pronto descubrí que casi siempre hay alguna movida en el Casco Viejo, y eso que todavía no habían inventado el Juevintxo. Da igual que sea verano o invierno. Desde San Saturnino ya se enlaza con Navidades, Carnaval, fin de curso…”, va enumerando.

Al principio, Ricardo F. dormía con tapones hasta que a los años cambió las ventanas con vidrios acústicos de 55 decibelios. “La normativa fija el límite de ruido en 30 decibelios. En calles estrechas como San Nicolás y San Gregorio se llega a los 85, como un aeropuerto. Hay un efecto embudo, da igual que vivas en un primero que en un cuarto. Abres las ventanas y parece que tienes a la gente en el salón”, describe Ricardo.

La mayor parte de bloques de viviendas rehabilitados han tenido en cuenta el factor ruido. “El doble vidrio suma 4 centímetros más la cámara”, describe Julio Pérez, que vive en Navarrería. Eso no impide que, de vez en cuando, se despierte de madrugada. “Las cuadrillas tienen mucha afición a gritar, a berrear a todo volumen”, se queja.
Luego pasan los coches de policía con las sirenas y las ambulancias. “El fin de semana pasado se llevaron a una chica, al parecer con coma etílico”, apunta. Y después están las barredoras, que pasan a altas horas de la madrugada, coinciden Julio y Ricardo. “Por San Nicolás pasan hasta seis veces al día”, explican.

SUCIEDAD: «BEBER Y DESBEBER»
Iñaki B. vive en la plaza de Calderería y trabaja como ingeniero. En una ocasión, invitó a cenar a su casa a dos colegas extranjeros que habían venido a Pamplona a unas jornadas. “Quedé con ellos en la calle y al acercarnos al portal había dos jóvenes meando. Para mí fue bochornoso. ¿Qué imagen estamos dando a turistas y visitantes?”, expresa Iñaki.

La batalla del vecindario contra los orines viene de lejos, pero los vecinos consultados coinciden en que va a más. “Ahora hasta las chavalicas se ponen a hacer pis en la misma acera. Es lógico, si te bebes una litrona o un cachi, al rato necesitas desbeber”, expresa Idoya, que vive en Pozoblanco.

Ya no es tan fácil entrar a un bar y usar los servicios, admiten los vecinos, pero hablan de “falta de educación y de respeto”. “Son unos guarros”, es una frase repetida por el vecindario. Cristales, latas y vasos de plástico… “La barredora no puede con todo. Luego pasan los operarios con la manguera a presión. Nuestro portal es de madera y ya hemos tenido que llamar dos veces al carpintero. Ni el ayuntamiento ni el seguro se hacen cargo”, denuncia Ricardo, que añade que en San Nicolás “cada dos por tres viene el camión de los desciegues a limpiar alcantarillas”.

MIEDO: «SUFRIMOS EL VANDALISMO»
A Julio Pérez le toca subir muchas tardes por el portal de Francia a Navarrería. “Es lo que peor llevo. Lo difícil que es llegar a casa. Y llegar al portal y tener que pedir permiso para que te dejen pasar. Algunos son educados y otros te pueden soltar cualquier barbaridad”, relata. Otros vecinos también expresan esa “sensación de miedo” al pasar al lado de cuadrillas “hasta las trancas”. “Hacen el ganso, se ponen a pelear y no sabes si están en broma o en serio”, señala Idoya.

El jueves 26 de agosto y el 2 de septiembre, hubo jóvenes que se subieron a los balcones. Rubén, vecino de San Gregorio, relata una de las escenas. “Había unos chavales con un balón, que lo lanzaban al aire con ánimo de encalarlo. Cuando lo conseguían coreaban el apellido de uno de ellos, que era el encargado de escalar y recuperar el balón”.

Ricardo F. también recuerda lo vivido aquel jueves 26: “Hacia las nueve pasé por la Vuelta del Castillo y vi cómo cuadrillas que hacían botellones jugaban al escondite con los policías. En Sarasate me sorprendió la cantidad de gente. Y San Nicolás estaba a reventar. Las mesas altas de los bares estaban llenas de vasos vacíos. Llamé a la Policía Municipal porque no me parecía normal. Tienen una cámara en el cruce con la calle Comedias. No sé si no la miran”, relata Ricardo, que añade que en una ocasión les quemaron el portero automático con un mechero y en otro portal vaciaron un extintor.

“ESTO ES EL EXILIO»
“Me voy a marchar en breve. Esto es inhumano”, confiesa Ricardo. Explica que cada vez queda menos gente en San Nicolás. “Hace poco se fue una familia de enfrente. Al final se va a quedar la calle para pisos turísticos y gente que busca un alquiler barato”, opina. Julio también lamenta que se han ido “muchos amigos”. “Gente con pisos estupendos que no han aguantado más. Son exiliados. Piensan que el Casco Viejo es un decorado de cartón piedra, pero aquí vivimos personas con derechos”, concluye.

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