Iruñea, en calma pero atenta

Aritz Intxusta 20 de agosto de 2017

«No es el turismo lo único que crea gentrificación, solo es un factor más». Quien así habla es el responsable de Ciudad Habitable y Vivienda de Iruñea, Joxe Abaurrea. En su concejalía son conscientes de que se está produciendo un incremento de pisos turísticos y se mantienen vigilantes, pero subrayan que por ahora no cuentan con estudios que avalen los precios se estén disparado debido a ello.

«El fenómeno del turismo aumenta. Hemos batido nuestro récord de pernoctaciones, pero no parece aún preocupante desde el punto de vista de la vivienda, sino más por la economía sumergida», subraya el edil.

La capital navarra ha venido mejorando los datos de turismo los últimos años y las cifras se han acogido, de forma prácticamente unánime, como una buena noticia. Aun así, detrás del cómputo general, el aumento del turismo en Nafarroa es mucho más acusado en alojamientos rurales. Las últimas cifras oficiales (acumulado de enero junio de 2017) hablan de un 26% más de pernoctaciones en alojamientos rurales que en el año anterior, frente al 7% del aumento de la cifra global.

Esta atomización del turismo a lo largo del herrialde, en cierta medida, protege a Iruñea de los fenómenos más perniciosos para los vecinos que se observan en otras capitales vascas.

La masificación turística en Iruñea se produce en torno a los sanfermines, donde la ciudad se infla como un acordeón para alojar a decenas de miles de personas. Parte de ese «milagro» se consigue con pisos turísticos piratas, por lo que este tipo de alquileres suponen un fenómeno antiguo en la ciudad. La gran novedad son las plataformas especializadas permiten a estos propietarios continuar su actividad más allá de esos nueve días locos. En mayo, Turismo sancionó a 20 propietarios por tratar de alquilar clandestinamente y obligó a regularizar a otros 16.

Hostelería y rehabilitaciones

Continuando con las explicaciones de Abaurrea, el principal problema que detectó EH Bildu en 2015, fue un fenómeno, por así decirlo, hermano del turismo como tal. Se trataba de la «implantación masiva y descontrolada de hostelería» que estaba transformando el corazón de la ciudad en espacio centrado en exclusiva en el ocio.

Esto motivaba el desplazamiento de vecinos hacia otras zonas de la ciudad. «Empezamos con una moratoria y luego elaboramos una ordenanza en consenso con todos los sectores para dar al barrio una perspectiva estratégica que resulte tranquilizadora», recuerda.

A lo que teme Abaurrea es a la «sustitución poblacional». En Alde Zaharra muchas viviendas requieren una rehabilitación y la zona siempre está moda. Se corre el riesgo, por tanto, de que el dueño del piso no pueda costear las obras y que, al final, sea alguien más pudiente quien acabe viviendo ahí, elevando los precios de referencia. Para combatir esto, el Ayuntamiento interviene programando rehabilitaciones en bloques de vecinos.

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