En busca de un equilibrio para el futuro del Casco Viejo de Iruña

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Imanol Zozaya 22 de Octubre de 2018

Una mesa redonda, con representación de vecinos, Ayuntamiento, Turismo y agentes sociales, debatió sobre los problemas que existen hoy en día en el centro de la ciudad

Vecinas y vecinos, comercio, hostelería y turismo son los cuatro agentes que hoy actúan, entre otros, en el Casco Viejo de Pamplona. El simposio organizado por Nabarralde, clausurado el pasado sábado, sobre el futuro de los cascos urbanos de las ciudades, incluyó una mesa redonda en la que estuvieron representados los cuatro actores. Moderado por el doctor en Sociología de la Universidad Pública de Navarra, Carlos Vilches, contó con la participación de Aitziber Imizcoz, directora de la oficina de turismo de Pamplona;Joxe Abaurrea, concejal de Ciudad Habitable y Vivienda del Ayuntamiento de Pamplona;Carlos Otxoa, en representación de vecinos del Casco Viejo;y Hedoi Etxarte, miembro de la cooperativa Katakrak.

Bajo la moderación de Vilches, los cuatro ponentes plantearon las que a su juicio son las debilidades y fortalezas del barrio para así avanzar hacia unas conclusiones grupales. Y aunque existen matices entre los cuatro agentes, el diagnóstico es compartido: en el Casco Viejo es necesario un equilibrio entre la vida de vecinas y vecinos y las actividades de la hostelería, turismo y fiesta. En otras palabras, que se pueda vivir, comprar, vender y también disfrutar en el corazón de Iruña.

El encargado de dar inicio a la mesa redonda fue Carlos Otxoa, vecino histórico del Casco Viejo, presente en muchas de sus luchas. En su exposición inicial reconoció que hoy existe un nuevo escenario. “Venimos de tiempos de confrontación con las instituciones, pero hoy hay que ir hacia un modelo de colaboración”, aunque puntualizó que “no puede estar exento de críticas y exigencias”. Otxoa defendió también la idea de que el barrio padece en las últimas décadas una gran pérdida de población hasta el punto de que “hoy roza los 10.000 habitantes”. La principal necesidad en el barrio, a su juicio, es que “hay que adaptarlo al peatón y frenar los bares y pisos turísticos”.

EXCESO DE OCIO
En la línea de los vecinos que piden mayor habitabilidad fue también Hedoi Etxarte. Para el miembro de Katakrak “en lo viejo sobran bares, mientras que en otros barrios hacen falta”. Etxarte puso en valor que los habitantes de Casco Viejo tienen los mismos derechos que los del resto de barrios, y merecen “que una ambulancia llegue a la calle San Nicolás como llega a la avenida de Bayona”.

El concejal del Ayuntamiento de Pamplona, Joxe Abaurrea, compartió la mirada de la saturación de la hostelería en el Casco Viejo. “Existe un sobredimensionamiento de la hostelería, que genera ruido, en un barrio que está sobresaturado de actividades”. Para el edil del área de Ciudad Habitable y Vivienda es preciso que la fiesta “salga también al resto de barrios de la ciudad”.

Aunque afirmó que la problemática de la habitabilidad del Casco Antiguo no llega aún a los niveles de Donosti o Barcelona, la perspectiva de Abaurrea sobre el barrio más antiguo de la ciudad es clara. Tal y como defendió en la ponencia que brindó por la mañana, sobre el expolio patrimonial de Pamplona, “el Casco Viejo debe ser un barrio, con todas las dotaciones de cualquier otro barrio, pero con el carácter de ciudad histórica que alberga todo el pasado de la ciudad”.

“IRUÑA NO ESTÁ MASIFICADA”
La opinión más discordante al resto fue la de Aitziber Imizcoz. “El turismo en Iruña no está masificado”, afirmó la responsable de la Oficina de Turismo de la capital navarra. De hecho, a su juicio, aunque reconoció que la ciudad ha perdido 30.000 visitantes en lo que va de año, “hacen falta más plazas de alojamiento para peregrinos y caravanas, además de mejores conexiones con otras ciudades y mayor difusión de la riqueza de la ciudad, más allá de los Sanfermines”.

600.000 PERNOCTACIONES
Según el dato que aportó Hedoi Etxarte, en Pamplona se producen ya 600.000 pernoctaciones en apartamentos turísticos, la mitad que Donosti. Etxarte denunció además la “amenaza que los más de 2.500 apartamentos” suponen para los cascos urbanos junto a la aparición de plataformas no reguladas de alquiler entre particulares . Instó además al Ayuntamiento a tomar medidas como lo han hecho ya ciudades como París o Amsterdam, en las que se han limitado a los propietarios de estos alojamientos a arrendarlos un máximo de 30 o 60 días al año.

A esto respondió Joxe Abaurrea. El edil dijo que no compartía las medidas de París sobre todo en la adaptación del espacio público, y afirmó que en Pamplona, gracias a la moratoria aprobada, “el problema de la hostelería y los apartamentos turísticos está acotado”. “Que no seamos Barcelona o Donosti no significa que el problema exista”, respondió Etxarte.

Pese a las diferencias que mostraron en su diagnóstico de la situación, los cuatro agentes coincidieron, al imaginar el futuro del Casco Viejo, en que se debe alcanzar un equilibrio. Una situación que permita la convivencia de los vecinos, con las actividades de la hostelería y el turismo, sin que unas excluyan a las otras. Partiendo de esta base, lo cuatro vieron posible trabajar de forma conjunta para lograrlo.

PROBLEMÁTICA: UN MISMO DIAGNÓSTICO

Pero no comparten datos. Si bien los cuatro agentes comparten un mismo diagnóstico, que en el Casco Viejo de Iruña debe haber un equilibrio entre habitabilidad y actividades, no lo hacen a la hora de hablar cifras. Para los residentes, el barrio está perdiendo población de forma continua, pero para el Ayuntamiento esta tendencia ya está invertida hoy en día. Otro dato a debate es el de las pernoctaciones. Las 600.000 pernoctaciones en apartamentos presentadas por los vecinos son discutidas por la Oficina de Turismo.

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